A unas horas de que acabe el año, se podría hacer balance. O no. Se podría estar triste por todo lo malo, o feliz por todo lo bueno. O ambas. O ninguna.
Nunca se como sentirme en este día. Es si todas las emociones de todo el año se acumulasen, y las tuviera que sentir todas a la vez.
Pero este año quiero probar algo nuevo. Que tal si dejamos todo ese rollo de lado, que tal si nos lo tomamos todo con filosofía, con tranquilidad, que tal si nada importa. Que tal si lo bueno supera a lo malo, que tal si por un día dejamos que nada nos afecte. Que tal si mandamos a tomar por culo el balance.
Que tal si nos quedamos con los amigos, con la familia. Que tal si los estudios no importan, si no existen las obligaciones ni los problemas. Hagamos que esta noche sea la primera de siempre, o la última. O ninguna. Hagamos que todo de igual.
Disfrutemos del día, de la noche. De la familia, de los amigos, de los más que amigos, de los menos que amigos.
Despidamos el 2012 como a un viejo amigo con el que has vivido cosas buenas y malas. Intentemos dejar atrás el bagaje emocional, superficial y absurdo. Empecemos de nuevo, con el topicazo de año nuevo vida nueva. Recibamos el 2013 como algo nuevo, emocionante, excitante, con todas las posibilidades abiertas ante nosotros.
Feliz año nuevo.
lunes, 31 de diciembre de 2012
miércoles, 5 de diciembre de 2012
El mundo es un lugar oscuro y hostil. La gente es egoísta por naturaleza. Todo está movida por el dinero y el poder. Es difícil enfrentarse a esa oscuridad en soledad. Es difícil creer en la belleza de la vida cuando ves la maldad de la gente.
Pero en esa oscuridad puedes encontrar pequeñas luces, lugares seguros para enfrentarte a la vida. Esas luces son el amor, la amistad, la fe, la esperanza... Debes alejarte de la oscuridad, convirtiendo esas luces en la razón de tu existencia. Centrándote en ellas e intentando que el mundo sea un lugar más apacible para vivir. Dejando que el amor y la amistad te curen por dentro, que tus heridas sanen con el tiempo. Pero sabiendo que no puedes enfrentarte a todo solo. Que a veces hay que dejar que esas luces entren dentro de nosotros, que nos recuerden que hay mucho por lo que seguir luchando, que sin el amor el mundo está perdido.
Cualquier clase de amor, el amor de hacer lo que quieres con pasión. El amor por tus sueños y esperanzas. El amor por la gente que te rodea. El amor por una ciudad, el amor por un libro, por una canción, por una persona.
No hablo del amor romántico e idílico de los cuentos de hadas. Si no del amor real, del que duele, del que escuece, del que cura y te llena. Del que te vacía y te hunde. Del único amor que perece la pena. De eso tipo de amor del que nunca te arrepientes, porque incluso si nada es como tu pensabas, el amor que sientes, que has sentido, te ayuda a alejarte del ruido. De lo malo del mundo, y a pensar, aunque sea por un instante, que la vida merece la pena. Que no hace falta vivir en un cuento de hadas. Que no necesitas un felices para siempre, que con un felices de momento te sobrará el resto de tu vida.
Asi que no huyas de ello. Aunque pienses que te va a hacer daño. Aunque creas que no merece la pena, que estás sólo y perdido. Que el mundo es un lugar terrible para vivir... Si consigues aferrarte a esas luces, lo habrás conseguido. Nada podrá contigo.
Pero en esa oscuridad puedes encontrar pequeñas luces, lugares seguros para enfrentarte a la vida. Esas luces son el amor, la amistad, la fe, la esperanza... Debes alejarte de la oscuridad, convirtiendo esas luces en la razón de tu existencia. Centrándote en ellas e intentando que el mundo sea un lugar más apacible para vivir. Dejando que el amor y la amistad te curen por dentro, que tus heridas sanen con el tiempo. Pero sabiendo que no puedes enfrentarte a todo solo. Que a veces hay que dejar que esas luces entren dentro de nosotros, que nos recuerden que hay mucho por lo que seguir luchando, que sin el amor el mundo está perdido.
Cualquier clase de amor, el amor de hacer lo que quieres con pasión. El amor por tus sueños y esperanzas. El amor por la gente que te rodea. El amor por una ciudad, el amor por un libro, por una canción, por una persona.
No hablo del amor romántico e idílico de los cuentos de hadas. Si no del amor real, del que duele, del que escuece, del que cura y te llena. Del que te vacía y te hunde. Del único amor que perece la pena. De eso tipo de amor del que nunca te arrepientes, porque incluso si nada es como tu pensabas, el amor que sientes, que has sentido, te ayuda a alejarte del ruido. De lo malo del mundo, y a pensar, aunque sea por un instante, que la vida merece la pena. Que no hace falta vivir en un cuento de hadas. Que no necesitas un felices para siempre, que con un felices de momento te sobrará el resto de tu vida.
Asi que no huyas de ello. Aunque pienses que te va a hacer daño. Aunque creas que no merece la pena, que estás sólo y perdido. Que el mundo es un lugar terrible para vivir... Si consigues aferrarte a esas luces, lo habrás conseguido. Nada podrá contigo.
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