martes, 26 de enero de 2010

Y parar el tiempo...

Los nervios del encuentro, son incomparables a cualquier otra sensación, ha pasado tanto tiempo, tantas cosas, tanta gente, tantas historias. ¿ habrás cambiado ? ¿seguirás siendo el mismo chico con el que pasaba horas hablando ? el que me hacia reír, y llorar. Con el que podía hablar de todo y de nada.

Te fuiste, te fuiste y me dejaste sola. Tarde mucho en perdonarte. Lo eras todo. Eras mi mejor amigo, mi confidente, mi compañero de fiestas y de disgustos, de sueños y de ilusiones. Nunca habría imaginado un futuro sin ti hasta el momento en el que te fuiste. Pero ya sabes lo que dicen, el futuro nunca es como lo imaginas y en esta vida hay que saber improvisar.

Me cuesta adaptarme a los cambios, tu lo sabes mejor que nadie. Tu que tuviste que apoyarme en un millón de transiciones, tu que me conocías mejor que yo misma. Y ese cambio, fue el peor de todos. Tarde meses en reprimir el impulso de llamarte cada tarde, solo para contarte que la profesora de matemáticas era una incompetente o que odiaba el frió con todas mis ganas.
Seguimos manteniendo el contacto claro esta, tu me hablabas de tus nuevos compañeros que con el tiempo que se convirtieron en amigos. Yo te hablaba de mis cursos, de los chicos, de la gente que tu conocías y de la que nunca conocerías.
Nuestra relación fue creciendo, aun en la distancia, creo que los sentimientos empezaron a crecer el día que tu fuiste. No podía dejar de echarte de menos, y supongo que tu a mi tampoco. Jamas olvidare los gritos de mi madre por que no soltaba el teléfono, que después dieron paso a aburridos sermones, y mas tarde a charlas angustiosas en las que me pedía que pasara pagina, que encontrara una persona que llenara el espacio que tu habías dejado.. que ingenua ! nadie podría llenar ese espacio, yo lo sabia, y tu también.

La primera visita que te hice. Lira hizo la maleta por mi, yo estaba demasiado nerviosa, no sabia ni que ropa meter. Y en el tren, repasando una y otra vez que te iba a decir, reproduciendo distintos encuentros a cada uno mas fantástico que el anterior. Cuanto mas cerca estaba de ti, mas nerviosa me ponía, ya ves tu ! si eras mi mejor amigo.. pero algo había cambiado en este tiempo, imposible dirían muchos, las relaciones no se afianzan en la distancia. Pero tu y yo nunca fuimos convencionales ¿ verdad? y el tren llego a la estación. Tarde una eternidad en bajarme, no sabia como reaccionar, o como reaccionarias tu.

La estación estaba repleta, gente abrazándose, gente riendo, gente sola, amigos, gritos , risas , charlas.. y en medio de todo el barullo, tu. Venias hacia mi como en un sueño, y todos los diálogos, las fantasías, los principios de conversión , se desvanecieron en un instante, dejando paso a algo mas simple, mas transparente, mas sincero que todo eso, un abrazo.
- Dios como te he echado de menos- cuanto tiempo desde la ultima vez que sonreí por ti.
- Que conste que todavía no te he perdonado-
- Tengo un plan infalible para que me perdones- susurraste en mi oído.
Y el tiempo se paro, la gente dejo de chillar, no se oían risas ni veía a nadie que no fueras tu. Tus labios entre los mios, como en cada sueño que había tenido desde que te fuiste. Y una promesa que nunca nos entreveríamos a romper, sellada con un interminable beso.

Me enseñaste la que ahora era tu ciudad, tus amigos, tus sitios favoritos, tu cuarto, tus sabanas, el tacto de tu piel que también era nuevo. Redescubriste la ciudad a mi lado, y deje mi presencia en tus lugares predilectos para que no te olvidaras de mi.

Y la parte que siempre era mas dura, la despedida. Los llantos en el tren y la cara de preocupación de mi madre al verme bajar de el. La vuelta a la rutina, las llamadas de teléfono, ahora con un cariz distinto. Las noches sin dormir pensando en ti, las peleas cada vez que me hablabas de una nueva chica, los celos que dejabas traslucir a traves de los kilómetros. Y un nuevo rencuentro, en tu ciudad o en la mía ya poco importaba y vuelta a empezar. Hasta ese día.

- No podemos seguir así- la reconciliacion después de una de las mas amargas discusiones siempre comenzaba con esa frase.
- Ya lo se pero que solución le ves ? - estaba harta de siempre la misma discusión- tu no vas a venirte aquí y yo no estoy dispuesta a irme a vivir a tu ciudad.
- Muy bien pues no lo hagamos, vámonos los dos, a un lugar que no nos recuerde estos años, ni las peleas ni los celos, ni siquiera los momentos felices, tengo los billetes y vi un pequeño apartamento en mi ultimo viaje, me voy a vivir a París y quiero que vengas conmigo- lo soltaste del tirón, así sin mas.
- Hecho- para que mas ? volvimos a sellar la infinita promesa con el ritual de siempre.

Y aquí estoy dos años despues de la primera vez que el tiempo se paro en aquella estación, muerta de miedo y de ilusión, pensando en todo lo que puede salir mal, en lo que has cambiado en estos años y en lo que he cambiado yo también. En la estación que ha sido testigo de todos nuestros rencuentros, y que sera testigo del ultimo de ellos

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