Una suave brisa la acariciaba la piel,
olía a
chuches y algodón de
azúcar,
olía a las tardes de verano,
olía a cartas con sus abuelos, a noches de fiesta, a
días de lluvia,
olía a navidad, a
grofes,
olía a juegos, a risas, a momentos, a historias sin acabar, a sueños rotos, a sueños por cumplir que nunca
cumpliría. Y se le callo un mito más, antes de morir no ves pasar tu vida en
imágenes, ves pasar tu vida en olores. Con la cuchilla cayerón todos sus valores, y la sangre empañó las únicas ilusiones que le podían quedar.
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